12
Mar
Siendo como es una de las intervenciones más populares que existen, las consultas (y los mitos) sobre la liposucción son muchos.
Y, realmente, todo aquel que no sea un experto en cirugía no puede por menos que sentirse confundido ante la enorme cantidad de información que circula sobre la liposucción y sus posibilidades, e incluso sobre sus distintos nombres. Por eso he querido especificar algunas de las dudas más comunes y habituales sobre esta técnica.

Verdades
* Sirve para extraer los acúmulos de grasa que no se eliminan con dieta.
* Esta técnica recibe a veces distintas denominaciones, como liposucción, lipoaspiración o lipoescultura. En todos los casos se trata de una misma técnica quirúrgica, que consiste en la extirpación de tejido graso a través de una cánula fina que se introduce en un orificio practicado en la piel, de unos 2 mm., y que va conectado a un sistema de aspiración.
* Sea cual sea la técnica utilizada, es imprescindible llevar una faja de compresión durante el mes posterior a la intervención.
* Los acúmulos de grasa no se reproducen en la zona tratada siempre y cuando se mantenga un control del peso. Si el paciente gana muchos kilos, pueden aparecer un aumento de grasa, aunque no en la misma medida que antes de la intervención.
* Es preciso un examen previo del paciente para ver su tipo de piel, la flacidez de la misma y su vascularización.
* Conviene seguir una dieta baja en grasas durante el mes posterior a la intervención.
* La aparición de hematomas (los llamados “cardenales”) son frecuentes y pueden durar un par de semanas.
Mentiras 
* La liposucción no es un método sustitutivo de la dieta.
* Esta técnica no es un tratamiento anticelulitis, aunque en determinados casos pueda ayudar a combatirla. Un buen cirujano debe evaluar antes la calidad de la piel y el tipo de celulitis para contemplar esa posibilidad.
* La intervención debe realizarse siempre en quirófano y por un médico especialista para evitar posibles complicaciones.
* La liposucción es una cirugía, no un tratamiento estético, y como tal debe tratarse, con total y absoluta seriedad y rigor médico. Hay que desconfiar de las intervenciones “milagro”.
Javier de Benito
10
Feb
Una de las preguntas más frecuentes entre las pacientes que quieren hacerse un aumento de pecho gira en torno al tamaño de las prótesis. ¿Cuál es el perfecto, el más adecuado? En foros a menudo se trata esta cuestión, pero siempre se habla de ellas en una sola medida: centímetros cúbicos.Si bien dar el volumen da una idea del tamaño de la prótesis, hoy en día eso no basta. Este concepto remite a las prótesis redondas, que eran, hace no tantos años, las únicas disponibles. Sin embargo, actualmente existe también una amplia gama de prótesis anatómicas que, en vez de ser semicirculares, tienen la forma de gota propia del pecho: más proyectada y con más volumen en la parte inferior que en la superior. Es decir, como los senos.
Es evidente que las prótesis anatómicas, con sus diferentes alturas y diferentes proyecciones, nos ofrecen un elenco de posibilidades a la hora de escoger el mejor implante para cada pecho. Desde 1996, siendo uno de los pioneros del mundo en utilizar los primeros implantes anatómicos, nos encontramos en que debíamos establecer para cirujanos y pacientes un sistema que nos permitiera entendernos con la paciente para determinar, con seguridad, cuánto deseaba aumentar y buscar el equivalente a sus deseos en medidas que nos permitiera escoger el implante idóneo. Esto nos llevó a desarrollar unas guías de utilización en las que lo primero que se establecía era un diálogo mutuo, fructífero y asequible, que se establece con la paciente hablando en tallas de sujetador en contorno y en copa.
En realidad el tamaño de la copa es el verdadero tamaño del pecho, ya que el contorno depende del tamaño del tórax y de la espalda. Pero muchas mujeres desconocen la copa que usan, ya que en España, se basan mas en el contorno que en la copa. Y, así, el cirujano ha tenido que aprender sobre la talla y contornos de los sujetadores.
Por eso, cuando una paciente nos dice que desea una talla 95, sabemos que ésta equivale a una copa C. Luego, a partir de una medidas que debe tomar el cirujano al examinar a la paciente, y siguiendo unas tablas que se han determinado a lo largo de varios años en cursos y talleres prácticos, el cirujano sabe qué anchura, altura y proyección debe tener el implante anatómico escogido. De esta manera, los resultados y la comprensión entre paciente y cirujano son muy precisos y, sin duda, los esperados.
Estas prótesis, de gel cohesivo tienen ventajas (de las que hablaré en otro post), y, entre ellas, las de ser sumamente naturales. Pero cuando se trata de elegirlas, no hay que guiarse tan sólo del volumen. También ha de tenerse en cuenta la proyección (para explicarlo de forma sencilla, su perfil) y el ancho. Una misma talla 95 de sujetador en una mujer de estructura muy delicada y no muy alta requerirá una prótesis diferente a la que necesitaría otra mujer de estructura ósea más grande. De la misma forma que para encontrar la talla perfecta de sujetador una mujer ha de tener en cuenta la copa, pero también el contorno de la espalda, para escoger la prótesis idónea hace falta pensar en tres dimensiones: alto, ancho y largo. Medidas que requieren algo más que un solo número en centímetros cúbicos. Esto no significa que las prótesis redondas no sean adecuadas, ¡en absoluto! Sencillamente, hay casos en que una prótesis anatómica permitirá un resultado más favorecedor. Como siempre, es la propia mujer y sus deseos los que nos permitirán elegir entre un modelo u otro.
No nos engañemos: para el cirujano es más complejo encontrar la prótesis anatómica perfecta que limitarse a escoger entre distintos volúmenes de prótesis redondas. Sin embargo, creo que es un esfuerzo que vale la pena: cuando el mejor resultado requiere una prótesis anatómica, no cabe duda que vale la pena, y mucho, escoger por el tipo de intervención a la medida, como de “alta costura” que permite adaptarse a cada mujer en todas sus dimensiones. Evidentemente también se usan las prótesis redondas, especialmente cuando la paciente desea un llenado importante de su parte superior de la mama. Es decir, cuando busca, un efecto como el que se consigue con el “wonderbra”, ¡sin llevarlo!
Hoy en día es necesario examinar en detalle a la paciente, valorando asimetrías en el tórax; costillas más prominentes o hundidas; mamas distintas en su localización o en su forma; areolas diferentes en tamaño, y, sobre todo, el especialista ha de valorar el grosor de la piel, de la grasa y del músculo para explicarle a la paciente qué ventajas y desventajas tendrá cada tipo de prótesis.
Javier de Benito
5
Jan
Creo que una de las facetas menos comentadas de nuestro trabajo es la importancia y la necesidad de conseguir una comunicación real con nuestros pacientes. Sobre todo, saber cuáles son las expectativas reales y, a la vez, saber comunicar donde están los límites de la cirugía.
Tomo como ejemplo el término “natural”.
Es lo que me piden prácticamente todas las pacientes: no quieren un resultado exagerado, sea en la técnica que sea. Lo que buscan es mejorar, y mejorar mucho, pero que no se aprecie a simple vista que han pasado por las manos de un especialista.
Pero tampoco es del todo cierto que quieran algo realmente “natural”, sino que buscan una naturalidad muy, muy mejorada.
Es decir, algo no necesariamente “natural” sino, sencillamente, hermoso y estético.
¿Cómo encontrar el punto justo? Es importante tener una imagen clara de lo que se busca.
Las pacientes no deben tener miedo a acudir acompañadas de imágenes o fotografías de lo que buscan, pues a menudo lo que consideran “natural” es fruto de un elaboradísimo y magnífico trabajo.
A su vez, el especialista no debe temer expresar su punto de vista y ser muy claro respecto a las limitaciones de la técnica, así como de la evolución de los resultados de esa cirugía en el futuro.

Cuando un cirujano dedica su hora de visita a la paciente, lo hace con todos sus sentidos puesto en ello y dedicándole todo el tiempo que se merece. En ese tiempo, pone a disposición de la paciente todo el conocimiento acumulado no sólo durante su carrera, sino también toda su experiencia.
Por eso es tan importante esa primera cita, en la que cada mujer debe sentirse libre de hacer cuántas preguntas crea necesarias y sentirse tranquila con las respuestas.
Javier de Benito